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Como prevenir el cancer – ¿Vacas y pollos comen comida basura?

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En este artículo se informa sobre la influencia que tiene en la salud humana el consumo de carne de diversos tipos, como por ejemplo la de vacuno y la de pollo, así como el consumo de sus productos derivados.

Se atenderá a su origen, tipo de alimentación, técnicas de explotación, etc., y cómo este tipo de gestión puede llegar a tener influencia negativa sobre la salud de los seres humanos (incluso desde el vientre materno) al afectar el equilibrio de ácidos grasos omega-3/omega-6 en el organismo.
También se hablará de la posible influencia sobre la salud humana por el uso de hormonas de crecimiento en este tipo de animales con el fin de incrementar la producción cárnica. Como prevenir el cancer.
Se acompañará el artículo con una serie de interesantes vídeos que aportan información relacionada con el tema expuesto en el mismo.(Ver interesantes vídeos a lo largo del artículo)

Comencemos viendo el siguiente vídeo:

“Expediente Carne: un documental sobre el consumo de carne y sus consecuencias”.

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Reputados investigadores y profesionales manifiestan en base a datos y experiencias la relación entre el consumo de carne y el desarrollo de enfermedades importantes en la población mundial, como por ejemplo el cáncer.

También se abren las puertas de granjas y mataderos para mostrar el modo de vivir y morir de los animales cuya carne consume el ser humano. Un documental que se encuentra disponible en Youtube y que merece la pena ver, sin duda, para poder juzgar por uno mismo.

Dentro del ciclo natural de la naturaleza las vacas tienen sus crías en la primavera, que es la época del año en la que más exuberantes de hierba se encuentran los prados, y éstas dan leche durante varios meses hasta que llega el final del verano.

La hierba de la época primaveral es una fuente especialmente rica en ácidos grasos omega-3, por lo que estos ácidos se encuentran muy concentrados en la leche extraída de las vacas criadas en los pastos; así como en los derivados obtenidos de dicha leche, como son la mantequilla, la nata, el yogur y el queso.

 

Los ácidos grasos omega-3 también se encuentran en la carne que procede del vacuno que ha pastado hierba de los verdes prados primaverales, así como en los huevos de los pollos que se han criado en libertad comiendo mucho más forraje que grano.

A partir de la década de los años cincuenta del pasado siglo, la demanda tanto de leche como de sus productos derivados, así como de la carne de vacuno, aumentó tanto que los granjeros se vieron obligados a desarrollar nuevas ideas con el fin de poder sortear las propias limitaciones del ciclo natural de producción lechera. Ello implicaba, como principal medida, optimizar (por reducción) el espacio necesario para los pastos que permitiera alimentar a una vaca de un peso medio de 750 kilogramos.

Por todo esto, dejaron de sacarse las vacas a los prados y, en lugar de eso, se pasó a la explotación ganadera en batería. En consecuencia, el maíz, la soja y el trigo, se convirteron en la principal base alimentaria del ganado. Problema: estos alimentos ganaderos carecen básicamente de cualquier tipo de ácido graso omega-3 (beneficiosos para el organismo humano). Y no solo eso, sino que además, dichas fuentes alimentarias son especialmente ricas en omega-6 (perjudiciales para el organismo humano).

Los omega-3 y omega-6 (ácidos grasos) se conocen como «esenciales» porque el cuerpo humano no puede fabricarlos por sí mismo y, consecuentemente, la cantidad de ácidos grasos omega-3 y omega-6 que se puedan encontrar en el organismo humano dependerá de manera directa de las cantidades de estos elementos que contenga la comida que se consuma. Pero es que, además, la cantidad de ácidos grasos omega-3 y omega-6 presente en nuestra comida va a depender de la alimentación a la que se hayan visto sometidas las vacas

Y exactamente lo mismo sucede con los pollos que nos comemos.

Si estos animales se alimentan con hierba, tanto la carne, como la leche y los huevos que den mantendrán un perfecto equilibrio entre los ácidos grasos omega-3 y omega-6 (un equilibrio próximo al 1/1). Pero si se alimentan a base de maíz y soja, el desequilbrio que va a resultar en nuestro propio organismo tras consumir este tipo de productos de vacas y pollos está demostrado que llega a ser por lo general de 1/15 y en algunas ocasiones hasta de 1/40.

Pero es que los omega-3 y los omega-6 que se encuentran en nuestro organismo están compitiendo de manera continuada por hacerse con el control de nuestro sistema biológico.

Veamos ahora otro vídeo:

“Comida basura (documental 1)”. 

En este vídeo que se encuentra disponible en Youtube, se explica en detalle toda la dinámica un tanto “oscura” que rodea a alguna de las grandes corporaciones que lideran los mercados de explotación de carne de pollo y sobre todo la crianza en malas condiciones de éstos en granjas de explotación masiva. Esto, parece ser, que es lo que comemos… ¡Y TAMBIEN NUESTROS HIJOS!

(Pulsa sobre la siguiente imagen para ver el vídeo).

Los ácidos grasos omega-6 tienen el dudoso honor de facilitar que almacenemos la grasa en nuestro cuerpo y de favorecer la rigidez de las células del mismo, así como la coagulación de la sangre y la correspondiente inflamación en diferentes puntos del organismo en respuesta de éste a agresiones exteriores (básicamente por toxicidad). Además, éstos ácidos grasos omega-6 estimulan y facilitan la producción de células grasas en el organismo desde el nacimiento (los bebés ya nacen sentenciados por sus madres…).

 

Por el contrario, los ácidos grasos omega-3, tienen mucha relación con el desarrollo del sistema nervioso, favoreciendo la flexibilidad de las membranas celulares y la reducción de la inflamación. Estos ácidos, además, limitan la producción de células grasas (adiposas) en el organismo.

 

El equilibrio fisiológico del organismo de las personas depende en gran medida del equilibrio entre omega-3 y omega-6 en el mismo, y éste viene como resultado de nuestra alimentación.

Pues bien, ahí está la clave del misterio, y es que resulta que este equilibrio es lo que más se ha modificado en los últimos 50 años en la alimentación del ser humano en general.

 

El desequilibrio entre la proporción de los ácidos grasos omega-3 y los ornega-6 en la alimentación humana incrementa la inflamación del organismo, así como la coagulación y el crecimiento de células adiposas y cancerosas.

Como prevenir el cancer

Como ya decíamos, las vacas no son los únicos animales que nos comemos que se encuentran afectadas por este cambio. Los pollos también han sufrido un cambio brusco en su alimentación, y el huevo (el alimento del ser humano «natural» por excelencia) ya no presenta la misma proporción de ácidos grasos esenciales que tenía hace cincuenta años.

 

Hace ya un tiempo, se publicó un curioso artículo en el New England ]ournal of Medicine, en el que Artemis Simopoulos, destacada nutricionista estadounidense y directora durante algún tiempo del departamento de investigación nutricional del National Institute of Health, demostraba que los huevos de las gallinas alimentadas a base de maíz (costumbre casi universal hoy en día), contenían veinte veces más cantidad de ácidos omega-6 que omega-3.

Y, sin embargo, los huevos que ponían las gallinas de la granja griega familiar en la que esta doctora pasó su infancia, conservan un equilibrio entre este tipo de ácidos de prácticamente 1/4.

Y es que, para mayor desgracia del ser humano en general, al tiempo que se modificaba drásticamente la alimentación de los animales de granja, en ocasiones también se les suministraban hormonas de crecimiento del tipo del estradiol o del zeranol con el fin de hacerlos engordar con mayor rapidez.

Estas hormonas se acumulan en el tejido adiposo y se excretan en la leche.

Hace poco tiempo ha comenzado a utilizarse una nueva hormona cuyo propósito es el de estimular la producción de leche: la rBGH (recombinant bovine growth hormone), que se conoce también como BST (somatotropina bovina). Esta hormona tiene la capacidad de actuar sobre las glándulas mamarias de la vaca y puede llegar a aumentar de manera significativa la producción de leche.

La noticia buena para los españoles es que aunque en Estados Unidos el uso de esta hormona se encuentra muy extendido, en Europa y Canadá este tipo de hormona se encuentra prohibida por el momento.

 

La noticia mala es que en virtud de los acuerdos comerciales existentes entre Europa y Estados Unidos, parece más que probable que esta hormona pueda llegar al plato de cualquier hogar del mundo a través de los ingredientes importados que se derivan de la leche producida por las vacas estadounidenses.

Como prevenir el cancer 

Aún es pronto para conocer los efectos que produce en el ser humano, pero sí que se sabe que esta hormona en las vacas acelera la producción de IGF y que este IGF se encuentra presente en la leche que producen éstas porque la pasteurización no es capaz de destruirla.

 

Y es que, como ya se ha comentado en otros artículos, el IGF no es solo un factor fundamental en la estimulación del crecimiento de células grasas en el organismo, sino que además acelera el crecimiento de los tumores malignos.

Como prevenir el cancer

 

Veamos, el tercer y último vídeo relacionado con este artículo.

¿Cómo se hacen los perritos calientes y las salchichas?

En este vídeo, que se encuentra disponible en Youtube, según parece se muestran una serie de imágenes que tienen relación con el proceso de fabricación de las salchichas y los perritos calientes “aptos para el consumo humano”. Juzga por tí mismo…

Y, por último, otra mala noticia… vaya… ¡ya lo siento…!
El doctor Philippe Bougnoux y su equipo del INRA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas), en Tours (Francia) fue uno de los primeros investigadores que llamó la atención sobre el papel del CLA (ácido linoleico combinado) en la lucha contra el crecimiento de las células cancerosas.
¿Qué es el CLA (ácido linoleico combinado)?. Pues es uno de los escasísimos componentes procedentes de la alimentación de origen animal que presenta posibles beneficios anticáncer. Es un ácido graso.

El CLA se encuentra principalmente en el queso, pero solo en aquel que procede de animales alimentados fundamentalmente a base de pastos.

 

La mala noticia es que, al modificar la alimentación de vacas, cabras y ovejas, haciendo que ésta deje de estar basada en los pastos para basarse actualmente en una combinación de maíz y soja, se ha eliminado el único beneficio anticáncer que estos animales podían aportarnos a partir de un producto derivado de la leche, como es el queso.

Es lo que hay… Así funciona el mundo. Es bueno que lo sepamos y que cada uno obre en consecuencia…

De todos modos, me despido en este artículo con otra sabia reflexión procedente de un viejo proverbio Indio:

“Puedes llevar un caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beber”.

 

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