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Quimioterapia. Luces y Sombras….

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Quimioterapia. Luces y Sombras….

¿Que por qué hemos titulado a este artículo “Quimioterapia. Luces y Sombras….”?. Pues porque si atendemos a todas las opiniones tanto a favor como en contra que sobre la quimioterapia circulan entre la opinión pública (enfermos, especialistas, investigadores, etc.), ésta tendría su indudable lado positivo (Luces) en forma de disminución del tamaño de los tumores, y su más que indeseable lado negativo (Sombras) en forma de ataque a células sanas, efectos secundarios en general, debilitamiento del sistema inmune y recurrencia de los tumores en cuerpos debilitados con el paso del tiempo.

(Ver vídeos muy interesantes relacionados a lo largo del artículo)

Por ello es importante prestar mucha atención a este artículo, porque la diferencia entre hacer las cosas bien y hacerlas mal puede suponer decantarse en la frágil línea de la vida de los que estamos enfermos o hemos padecido cáncer recientemente, hacia el lado de la vida…., o hacia el de la luz….

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De todo ello tratamos en las siguientes líneas y vídeos…
LUCES.
¿
¿Qué es la quimioterapia?


(Vídeo “Redes – ¿Qué es la quimioterapia?”)
 
Según el Oncologist-approved cancer information from the American Society of Clinical Oncology la quimioterapia abarca la utilización de fármacos para destruir las células
cancerosas. No obstante, cuando muchas personas usan la palabra
“quimioterapia” se refieren específicamente a los tratamientos farmacológicos
para combatir el cáncer que atacan las células cancerosas al paralizar su capacidad
de crecer y dividirse. Es corriente que tu médico lo denomine “quimioterapia
estándar”, “quimioterapia tradicional” o “quimioterapia citotóxica”. Estos medicamentos tan fuertes circulan por el torrente sanguíneo y acaban directamente con las
células que están creciendo activamente. Ya que, en general, las
células del cáncer crecen y se dividen de modo más rápido que las células
normales, son más receptivas a la acción de estos fármacos. Sin embargo, el
daño que se realiza a las células normales no se puede evitar, y explica los efectos secundarios
asociados a este tipo de fármacos.
También son utilizados otros tipos de fármacos para combatir el cáncer, incluida la terapia hormonal y varios tipos
de terapia “dirigida”. Muchos de los fármacos que recientemente han sido aprobados
para su uso en la lucha contra el cáncer forman parte de estas categorías.
Gracias a que este tipo de tratamientos van más específicamente dirigidos hacia las células
cancerosas, en general, el daño que se realiza a las células normales es más reducido, lo cual conduce a efectos secundarios distintos.
Usos de la quimioterapia tradicional

Frecuentemente, la quimioterapia es utilizada como tratamiento adyuvante
(un tratamiento que es administrado tras una cirugía o una radioterapia) para eliminar las células cancerosas restantes. También puede ser utilizado como una terapia
neoadyuvante (un tratamiento que es administrado con anterioridad a una cirugía o a una radioterapia para
encoger los tumores). Para los cánceres que afectan a la sangre o al sistema linfático,
como la leucemia o el linfoma, es posible que el único
tratamiento administrado sea la quimioterapia. Además, ésta se utiliza para combatir el
cáncer recurrente (se trata del cáncer que regresa tras un tratamiento) o del cáncer
metastásico (que es el cáncer que se ha diseminado a otras partes del cuerpo).
Objetivos de la quimioterapia

Los objetivos del tratamiento con
quimioterapia varían en función del tipo de cáncer y de cuán diseminado se encuentre. En
algunas situaciones, el principal objetivo de la quimioterapia es acabar con las
células del cáncer e impedir su recurrencia. Si no es posible eliminar el
cáncer, la quimioterapia puede ser utilizada para controlar el cáncer retardando su
crecimiento o para minimizar los síntomas provocados por éste (lo que se
conoce como “terapia paliativa”).
Existen más de 100 fármacos disponibles para
combatir el cáncer. Con frecuencia, los oncólogos clínicos, médicos especializados en el tratamiento del cáncer con medicamentos, combinan fármacos
para tratar de modo más eficaz el cáncer de un paciente. El fármaco o la
combinación de éstos —al igual que la dosis y el programa de tratamiento— que el
médico prescribe dependen de muchos factores, que incluyen el tipo y el
estadio del cáncer (descripción del tamaño y situación del tumor y si éste se ha diseminado);
el estado de salud en general, edad y capacidad del paciente para sobrellevar
ciertos efectos secundarios, y tratamientos contra el cáncer
que se hayan llevado a cabo con anterioridad.
La mayoría de los fármacos de la quimioterapia tradicional no pueden ser administrados todos los días sin que se provoquen efectos secundarios graves. Por lo tanto,
por lo general, se administran de modo intermitente, con períodos de tratamiento
continuados de períodos de recuperación. Esto les proporciona tiempo a las células sanas no cancerosas para que se recuperen. Por ejemplo, un paciente puede recibir una
semana de tratamiento tras el cual llegarán tres semanas de recuperación (un ciclo).
Varios de estos ciclos componen un curso de quimioterapia, que generalmente tiene una duración dura
tres o más meses. En el caso de algunos tipos de cáncer, puede ser beneficioso utilizar un programa con dosis densa, lo cual significa que existirá un menor tiempo de recuperación entre los ciclos de tratamiento. Si bien esto puede
mejorar la efectividad de la quimioterapia para algunos tipos de cáncer,
también aumenta el riesgo de efectos secundarios.
(vídeo “Consejos para cuidarte durante la quimioterapia”)
SOMBRAS.
LA VERDAD INDESEABLE DE LA QUIMIOTERAPIA EN EL CÁNCER 

(Vídeo “Quimioterapia ¿realmente funciona?”)
Hace ya muchos años que la quimioterapia es
denostada por numerosos oncólogos franceses y norteamericanos y no de los
menos conocidos, que han tenido la valentía de expresar su duda en lo que a las curaciones
obtenidas por las vías clásicas se refiere.
Hardin B Jones, que fuera profesor de física médica y de fisiología en Berkeley,
había manifestado ya a la prensa en 1956 los resultados alarmantes de un estudio
sobre el cáncer que él había llevado a cabo a lo largo de veintitrés años sobre enfermos
de cáncer y que le había llevado a concluir que los pacientes no
tratados con quimioterapia no morirían antes que los que la recibían, sino más bien al
contrario. «Los pacientes que han rechazado todo tratamiento han vivido una
media de doce años y medio. En cambio los que se han sometido a la intervención
quirúrgica y a los otros tratamientos tradicionales han vivido una media de
tres años solamente [1]
 ». El Dr Jones desvelaba también la
cuestión de las inmensas sumas económicas generadas por el «Cancer business». Las
conclusiones desestabilizadoras del Dr Jones no han podido ser jamás refutadas.
(Walter Last,The Ecologist, vol. 28, n°2, Marzo-abril 1998)

 

 

El 4 de octubre de 1985, el Pr. Georges
Mathé manifestaba a L’Express: «Hay cada vez más cánceres porque el diagnóstico es mucho más
precoz (*), pero no lo controlan tan bien como dicen, a pesar de que la
quimioterapia es defendida sobre todo por los quimioterapeutas y por los
laboratorios
 [lo que él llamaba la “cancer-connection”], y por una buena razón: viven de ello. Si yo tuviera un tumor, no
iría a un centro anticanceroso
» (cf. Le Monde,
4 mayo 1988).

 

Por otra parte, el Dr. Martin Shapiro escribía en un artículo «Chimiothérapie: Huile
de perlimpinpin? » (Quimioterapia: ¿Aceite de serpiente?): «Ciertos cancerólogos informan a sus pacientes de la falta de
evidencias de que este tratamiento sea útil, otros son engañados, sin duda, por
el optimismo de las publicaciones científicas sobre la
quimioterapia. Otros responden a una estimulación económica. Los que
la practican pueden ganar más practicando la quimioterapia que prodigando
consuelo y alivio a los pacientes moribundos y a sus familias
».
(cf. Los Angeles Times, 1 septiembre 1987).

 

 

 

Este punto de vista es completamente compartido por los doctores E. Pommateau y
M. d’Argent que están convencidos de que la quimioterapia «no es ni más ni menos que un
procedimiento de destrucción de células tumorales, al igual que lo son la cirugía o la
radioterapia. No resuelve el problema fundamental de la reacción del huésped que
debería ser, como último recurso, la única a investigar para detener el
crecimiento del cáncer»  (Leçons de cancérologie pratique).
Por otra parte, el Pr. Henri Joyeux,
cancerólogo en Montpellier, ha manifestado en varias ocasiones que «son los intereses financieros gigantescos los que permiten
explicar que la verdad científica esté, todavía hoy en día, a menudo demasiado
oculta: el 85 % de las quimioterapias son cuestionables, es decir,
inútiles
».
Tanto para ellos, como para muchos otros médicos, los únicos casos de curación con
este tipo de terapéutica son aquellos que se pueden curar de manera espontánea, es decir, aquellos en los que el  huésped puede organizar sus propias defensas. Es difícil decirlo de un modo más claro: ¡la quimioterapia no
sirve absolutamente para nada! Y para la progresión de los casos de curación, el Dr.
Jean-Claude Salomon, director de investigación del CNRS, cancerólogo, estima
que el tanto por ciento de supervivencia tras cinco años del diagnóstico inicial
se ha acrecentado por la única razón de que se pueden hacer diagnósticos de manera más precoz, pero que si esto no va acompañado de un descenso de la mortalidad, el
aumento del porcentaje de supervivencia a cinco años no es un índice que indique ningún tipo de progreso. «El diagnóstico precoz sólo tiene a menudo el efecto de alargar la
duración de la enfermedad con su cortejo de angustia. Esto contradice las
afirmaciones que conciernen a los pretendidos avances terapéuticos
».
(cf. Qui décide de notre
santé. Le citoyen face aux experts
,Bernard Cassou et Michel Schiff, 1998). El Dr. Salomon matiza que se incluyen en la cuenta sin distinción los verdaderos cánceres y los tumores que
sin duda no habrían provocado jamás la enfermedad cancerosa, lo que contribuye
a aumentar de manera artificial el porcentaje de cánceres «curados». Esto aumenta
también los de los cánceres «declarados».
Más aún, un  hecho confirmado por el Dr Thomas Dao, que fue director del
departamento de cirugía mamaria en el Roswell Park Cancer Institute de Buffalo de 1957 a
1988: «A pesar del uso extendido de la quimioterapia, la tasa de
mortalidad por cáncer de mama no ha cambiado en  estos 70 últimos años
».
Así como por John Cairns, profesor de microbiología en la universidad de
Harvard, quien publicó en 1985 una crítica en Scientific American:
«Aparte de algunos cánceres raros, es imposible detectar alguna
mejoría por la quimioterapia en  la mortalidad de los cánceres más
importantes. Jamás se ha establecido que cualquier cáncer pueda ser curado con
la quimioterapia
».
Una nueva confirmación del Dr. Albert Braverman, hematólogo y oncólogo de New
York, en Lancet: «Numerosos oncólogos recomiendan la quimioterapia para prácticamente todos los tumores, con un optimismo
no desalentado por un fracaso casi inevitable […] ninguna neoplasia diseminada,
incurable en 1975, es curable actualmente
» (cf. La Cancérologie dans
les années 1990,  vol. 337, 1991, p.901).

 

El Dr. Charles Moertal, oncólogo de la Clínica Mayo, admite que: «Nuestros  protocolos más eficaces están llenos de riesgos y
de efectos secundarios; y después de que todos los pacientes que hemos tratado
hayan pagado este precio, sólo una pequeña fracción es recompensada por un
periodo transitorio de regresión incompleta del tumor
».

 

Alan Nixon, antiguo presidente de la
American Chemical Society, es todavía más radical: «En tanto que químico, entrenado en interpretar publicaciones, me
es difícil comprender cómo los médicos pueden ignorar la evidencia de que la
quimioterapia hace mucho, mucho más mal que bien
».
Ralph Moss es un científico no médico que estudia el cáncer desde hace mucho tiempo.
Ha escrito artículos relacionados con este tema en prestigiosas revistas, tales como Lancet, Journal of the National Cancer Institute, Journal of the
American Medical Association, New Scientist,
 y ha publicado una
obra The Cancer Industry [2]: «Finalmente, no existe ninguna prueba de que la quimioterapia
prolongue la vida en la mayoría de los casos, y es una gran mentira afirmar que
existe una correlación entre la disminución de un tumor y el alargamiento de la
vida del paciente
».  Confiesa que él creía antes en la
quimioterapia, pero que la experiencia le ha demostrado su error: «El tratamiento convencional del cáncer es tan tóxico e inhumano
que lo temo más que morir de un cáncer. Sabemos que esta terapia no funciona
–si funcionara no lamentaríamos más el cáncer que una neumonía. […] Sin embargo,
la mayor parte de los tratamientos alternativos, independientemente de las
pruebas de su eficacia, están prohibidos, lo que obliga a los pacientes a
dirigirse hacia el fracaso pues no tienen alternativa
».
El Dr. Maurice Fox, profesor emérito de biología en el MIT (Massachusetts
Institute of Technology) [3] ha constatado, como muchos de sus colegas, que los
enfermos de cáncer que rechazaban los tratamientos médicos tenían una tasa de
mortalidad más reducida que la de los que los aceptaban.

 

El Centro del Cáncer de la Universidad McGill en Canadá ha remitido un
cuestionario a 118 médicos especialistas en cáncer de pulmón con el fin de
determinar el grado de confianza que se otorgaba a los productos que los
científicos de la universidad estaban evaluando. Les pedía que imaginaran que
ellos tenían un cáncer y que dijeran qué medicamento elegirían entre seis en
curso de ensayos. De 79 respuestas de médicos, 64, es decir,
el 81% no aceptarían formar parte de los ensayos de quimioterapia a base de
Cisplatino que ellos estaban testando y otros 58 médicos entre los 79, es
decir, el 73%, pensaban que los ensayos en cuestión eran inaceptables,
teniendo en cuenta la ineficacia de los productos y su elevado nivel de
toxicidad [4] .

 

Por otra parte el Dr. Ulrich Abel, epidemiólogo alemán del Centro del Cáncer de
Heidelberg-Mannheim, ha revisado todos los documentos publicados sobre
la quimioterapia en más de 350 centros médicos en todo el mundo. Tras haber
analizado, durante muchos años, millares de publicaciones, ha encontrado que
la tasa global de éxito de la quimioterapia en todo el mundo era «lamentable»,
tan solo del 3 %, y que simplemente no existe ninguna evidencia científica
que indique que la quimioterapia podía «prolongar de forma sensible la
vida de los pacientes que sufrían cánceres orgánicos los más corrientes
».
Él califica la quimioterapia de «terreno científicvago» y afirma que alrededor del 80% de la quimioterapia
administrada en todo el mundo no es de utilidad y se parece a los «trajes nuevos del
emperador», por lo que ni el doctor ni el paciente desean renunciar a la
quimioterapia. El Dr. Abel concluye: «Numerosos oncólogos tienen
por admitido que la quimioterapia prolonga la vida de los pacientes. Es una
opinión fundada sobre una ilusión que no está apoyada por ningún estudio
clínico
» [5]. Este estudio no ha sido nunca comentado en los grandes
medios de comunicación y ha sido enterrado por completo. Se entiende el
porqué.

 

Resumiendo, la quimioterapia es muy tóxica y no es capaz de diferenciar entre las
células sanas y las células cancerosas. Destruye lentamente el sistema
inmune que ya no es capaz de proteger al cuerpo humano de las enfermedades
ordinarias. Un 67% de las personas que mueren durante el tratamiento del cáncer lo
hacen debido a infecciones inoportunas que no han podido ser combatidas por el
sistema inmune.
El estudio más reciente y significativo
ha sido publicado por la revista Clinical Oncology [6]
y ha sido llevado a cabo por tres famosos oncólogos de Australia, el Pr. Graeme Morgan
del Royal North Shore Hospital de Sydney, el Pr Robyn Ward [7] de la
Universidad de New South Wales-St. Vincent’s Hospital y el Dr Michael Barton,
miembro de la Collaboration for Cancer Outcomes Research and Evaluation del
Liverpool Health Service en Sydney.Su minucioso trabajo se ha basado en el análisis de los resultados de todos los
estudios controlados en doble ciego que se han llevado a cabo tanto en Australia como en Estados
Unidos, y que conciernen a la supervivencia de 5 años acreditada por la
quimioterapia en los casos de adultos en el período comprendido de enero de 1990 a enero
de 2004, sobre un total de 72.964 pacientes en Australia y de 154.971 en Estados
Unidos, todos ellos tratados con quimioterapia. Este amplio estudio demuestra
que no se puede pretender que no se trata de nada más que
de algunos pacientes, lo que permite a los sistemas establecidos barrerlos de
un plumazo. Los autores han optado de forma deliberada por estimar de modo optimista los beneficios, pero a pesar de esta precaución, su publicación demuestra que
la quimioterapia no contribuye nada más que en un 2% más o menos a la
supervivencia de los pacientes tras 5 años, es decir, el 2,3% en
Australia, y el 2,1% en Estados Unidos.

«Algunos terapeutas siguen siendo sin embargo optimistas y esperan
que la quimioterapia citotóxica [8] prolongará la vida de los enfermos de
cáncer
», han declarado los autores en su introducción. Se preguntan, y no sin falta de razón, cómo es posible que una terapia que ha contribuido tan escasamente a la
supervivencia de los pacientes durante los 20 últimos años,
continúe teniendo tanto éxito en las estadísticas de ventas. Es cierto que se les
puede contestar que los pacientes con poca curiosidad o simplemente turbados no
tienen ninguna elección: no se le propone ninguna otra.

 

 

Massoud Mirshahi, investigador en la universidad  Pierre et Marie Curie y
su equipo descubrieron  en 2009 que nuevas células del micro-medioambiente
tumoral estarían implicadas en la resistencia a la quimioterapia de las células
tumorales y en las recidivas con la aparición de metástasis. Estas células han
sido denominadas como « Hospicel », ya que sirven de nichos que tienen la
capacidad de fijar gran cantidad de células cancerosas y de protegerlas de la
acción de la quimioterapia. Las «Hospicel», provienen de la diferenciación de
las células madre de la médula ósea, y se encuentran presentes en los derrames en los
enfermos afectados de cáncer (líquido ascítico, derrames pleurales). Las
células cancerosas que se encuentran alrededor de una «Hospicel», forman verdaderos
pequeños nódulos cancerosos.

 

En estos nódulos también se han identificado células
inmuno-inflamatorias. El microscopia electrónico ha demostrado que había zonas
de fusión entre las membranas de las «Hospicel» y las de las células
cancerosas, que permiten el trasvase de material de una a otra célula. Además, los
investigadores han observado la transferencia de material de membrana de la
«Hospicel», a las células cancerosas, fenómeno denominado como trogocitosis. Otros
muchos mecanismos, tales como el  reclutamiento de las células inmunitarias
supresivas o la secreción de factores solubles por las « Hospicel», colaboran también en la resistencia de las células cancerosas ante la quimioterapia. Por ello, sugiere que las células cancerosas «anidadas» sobre
una « Hospicel», podrían considerarse como responsables de la
enfermedad residual. Para la investigación llevada a cabo, lo importante es encontrar drogas que sean capaces al mismo tiempo de destruir las células cancerosas y las «Hospicel». [9]
Otros estudios se han publicado recientemente: El primero, en la revista Nature, indica que una
gran mayoría de estudios sobre el cáncer son poco o nada exactos además de potencialmente fraudulentos.
Los investigadores no llegan nada más que raramente a replicar los resultados
de los grandes estudios “de referencia”. De un total de 53 estudios importantes sobre el
cáncer publicados en revistas científicas de alto nivel, 47 no se han podido reproducir nunca con resultados semejantes. Esto, sin embargo,
no es nuevo, ya que, en 2009, investigadores del 
Comprehensive
Cancer Center de la Universidad de Michigan, habían del mismo modo publicado conclusiones sobre célebres estudios del cáncer, todas con un sesgo a
favor de la industria farmacéutica. Y resta  notoriedad pública a que
ciertos tipos de medicamentos contra el cáncer provocan metástasis.Esta larga lista de publicaciones, todas ellas negativas y no exhaustivas en lo que a los “beneficios” de la quimioterapia se refiere, podrían explicarse con los trabajos de
algunos investigadores de la Harvard Medical School de Boston (USA), que han
evidenciado que dos medicamentos utilizados en quimioterapia provocan el
desarrollo de nuevos tumores, ¡y no al contrario!. Se trata de los nuevos
medicamentos que bloquean los vasos sanguíneos que “alimentan” el tumor. Los
especialistas los llaman tratamientos “anti-angiogénesis”.

Estos medicamentos,
el Glivec y el Sutent (principios activos  imatinib y sunitinib), tienen un
efecto demostrado para reducir el tamaño del tumor. Sin embargo,
acaban también con pequeñas células poco estudiadas hasta el momento, los
pericitos, que son capaces de mantener bajo control el desarrollo del tumor. Sin los
pericitos, el tumor tiene mucha más facilidad para reproducirse y formar metástasis en otros órganos.
Los investigadores de Harvard consideran ahora
que, aunque el tumor principal disminuye de volumen gracias a estos
medicamentos, ¡el cáncer se convierte también en mucho más peligroso para los
pacientes! (Cancer Cell, 10 junio 2012).
El profesor
Raghu Kalluri, que  ha publicado estos resultados en la revista Cancer Cell, ha declarado: «Si Vds. solamente tienen en cuenta el desarrollo del tumor, los
resultados estarían bien. Pero si Vds. toman distancia y miran el conjunto,
inhibir los vasos sanguíneos del tumor no permite contener la progresión del
cáncer. En efecto, el cáncer se extiende
».
En fin, un estudio  publicado en la
revista Nature Medicine en 2012, podría cambiar la idea
que nos hemos formado de la quimioterapia. Los investigadores del Fred Hutchinson
Cancer Research Center de Seattle habrían descubierto, en efecto, que esto
desencadenaría, en el caso de las células sanas, la producción de una proteína
que alimenta los tumores.
En tanto que los investigadores trabajan en torno a la resistencia a la
quimioterapia que presentan los casos de cánceres metastaseados de mama, de próstata, de
pulmón y de colon, han encontrado por azar que la quimioterapia, no solamente
no es capaz de curar el cáncer, sino que también es capaz de activar mucho más el crecimiento y la extensión de
las células cancerosas. La quimioterapia, método estándar de tratamiento del
cáncer conocido y aplicado hoy en día, obliga a las células sanas a liberar una proteína que en
realidad alimenta las células tumorales y las hace prosperar y proliferar.

 

 

 

De acuerdo a este estudio, la quimioterapia fomenta la liberación en las células sanas de
una proteína, la WNT16B, que colabora en promover la supervivencia y el desarrollo de
las células cancerosas. La quimioterapia daña también de manera definitiva el ADN de
las células sanas, perjuicio a largo plazo que persiste mucho tiempo después
del fin del tratamiento con la quimio.

 

«Cuando la proteína WNT16B es secretada, interactúa con las células
cancerosas próximas y las hace crecer, expandirse y, lo más importante,
resistir a una terapia ulterior
», ha explicado el coautor del
estudio Peter Nelson del Centre de Recherche Fred Hutchinson relativo al cáncer en Seattle, en lo que concierne a este descubrimiento totalmente
inesperado. «Nuestro resultados indican que en las células benignas las
respuestas, de rechazo, pueden contribuir directamente a una dinámica de
aumento del tumor
», ha añadido el equipo al completo según lo que
han observado.

 

Lo que viene a decir: Evitar la quimioterapia aumenta
las posibilidades de recuperar la salud.
¿Cómo es posible que una terapia que ha
contribuido de manera tan escasa a la supervivencia de los pacientes durante los últimos 20 años, siga teniendo tal éxito en las estadísticas de
ventas?. Es verdad que se les puede contestar que los pacientes poco curiosos o
simplemente turbados no tienen ninguna elección: no se le propone ninguna otra alternativa salvo la aplicación del “protocolo”.  ¿A qué presión se somete al cancerólogo actual
para elegir el tratamiento del paciente? Antes, el buen médico elegía en su
alma y conciencia, según el juramento de Hipócrates, el tratamiento más beneficioso para
su paciente. Él comprometía así su responsabilidad personal tras un tratamiento
prolongado con su paciente.
«Desde los años 1990 –y singularmente de forma cada vez más
autoritaria desde el plan cáncer de 2004- la libertad de tratar del oncólogo ha desaparecido en Francia y en ciertos países occidentales. Con el pretexto
falaz de la calidad de los cuidados, todos los dosieres de pacientes son
“discutidos” en una reunión multidisciplinaria, donde, de hecho, el ensayo
terapéutico en curso que testan las drogas nuevas es impuesto por la
“comunidad”. El terapeuta que desea derogar este sistema, se encuentra con
todos los problemas posibles, en particular los de ver el servicio en el que
participa perder su autorización para practicar la oncología
».
La  Dra.  Nicole Delépine resume así lo que puede suceder cuando uno
se aleja de los estrictos  protocolos para adaptarlos a la situación
personal de los enfermos.
Sin embargo, tres de cada cuatro médicos osan rehusar la quimio para ellos
mismos, en caso de cáncer, a causa de su ineficacia sobre la enfermedad y de
sus efectos secundarios devastadores sobre la totalidad del organismo humano. Pero este
detalle se oculta muy bien a los pacientes.

 

El doctor Jacques Lacaze, diplomado en
oncología y gran defensor de los trabajos del Dr. Gernez sobre el tema, está convencido de que la única solución verdaderamente práctica es la prevención. «En efecto, un cáncer tiene una vida oculta de 8 años de media.
Durante este largo período, el embrión del cáncer es muy vulnerable, puede irse
a pique por nada. TODOS los especialistas admiten esta realidad, pero pocos
entre ellos preconizan una política de prevención. Sin embargo, es fácil
hacerlo y poner manos a la obra. Sabemos que la curva de incidencia del cáncer
arranca hacia los 40 años, por lo que un futuro cáncer se instala hacia los 32
años. El estudio SUVIMAX ha mostrado que una simple complementación en
vitaminas y sales minerales es suficiente para hacer bajar esta incidencia de
cánceres alrededor de un 30%. Este estudio ha durado 8 años. No se ha producido
ninguna consecuencia en política de salud pública.
Hay que entenderlo bien, la
industria farmacéutica no quiere ni oír hablar de ello: no se sierra la rama en
la que uno está sentado. 
El cuerpo médico se encuentra bajo el paraguas de los “grandes patrones”
que hacen la lluvia y el buen tiempo y que son generosamente remunerados por
esta industria (buscad en internet, veréis que la mayor parte de estos grandes
patronos forman parte de una u otra forma de un laboratorio). ¡Y la mayoría de
los médicos de base siguen sin rechistar! Y desgraciados los que piensen lo
contrario y que contesten la quimioterapia, las vacunas o la antibioterapia […]
Debo añadir, pues esto corresponde a mi práctica y a estudios reales hechos por
algunos servicios especializados, que numerosos productos calificados de
complementarios o alternativos son eficaces, pero prohibidos y perseguidos por
las autoridades bajo las órdenes de la industria farmacéutica
».
Para saber más sobre la prevención del cáncer, podéis consultar la webgernez.asso.fr.

 

No hay que olvidar en este asunto que sólo la presión de las personas
afectadas, es decir, todos nosotros, hará que se doblegue este sistema.

 

(*) Nota de Alfredo Embid
Es discutible que haya más cánceres porque se diagnostiquen antes. El aumento
de cáncer se debe al aumento ubicuo de la contaminación química y radiactiva, y
si no lo crees pregúntaselo a los niños iraquíes o bielorrusos.
(Vídeo “Quimioterapia o Estilo de Vida Sano)
 

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